Profes que dejan huella.

 Como última entrada de mi blog, primero de todo quería agradecer todos los momentos que me habéis dedicado a leer. Significa mucho más de lo que os podéis imaginar. 

Todos hemos tenido un profesor que nos ha marcado más que otro, y con suerte, más de uno. Creo que la gran mayoría de las personas que estamos haciendo esta carrera de magisterio, es porque algún día aspiramos a ser ese profesor para algún alumno especial. Nuestra dedicación e implicación durante este primer año, define muy bien la verdadera vocación que tenemos por esta carrera. Más que nadie, nosotros sabemos que los profesores están muy infravalorados y solo nosotros sabemos todo el esfuerzo que hay detrás, todo el aguante a críticas, y toda la paciencia que se debe tener para llevar a cabo una labor tan profesional, como es la del maestro. 

¿ Pero realmente, qué es lo que hace que un profesor deje huella?

Pues bien, aunque muchos pueden verlo así, sólo el hecho de que controle bien la materia o que la explique con una metodología mas innovadora, no tendrá el efecto de que este sea inolvidable; o sí, pero en gran parte no suele suceder así. Dejar huella nace la capacidad de mirar a los ojos a un alumno y ver más allá de un comportamiento difícil o de una persona molesta. Dejar huellas es entender que antes que alumnos son personas en desarrollo y crecimiento. Los profesores que hoy recordamos con cariño y aprecio, son aquellos que creyeron en nosotros cuando ni siquiera nosotros mismos lo hacíamos; son aquellos que con un gesto o una palabra cambiaron nuestro estado de ánimo y nuestra visión para afrontar el día. 

Para mí el profe que se lleva un gran cachito de mi corazón, se llama Pedro. Fue mi profesor de matemáticas en segundo de bachillerato, uno de los años donde menos capacidad de gestión tenía sobre mí. Él hacía que mis días fueran un poquito más amenos graicas a la actitud con la que entraba en clase. Siempre con una sonrisa y con muchas, muchas ganas de enseñar. Su objetivo era claro, que todos nosotros tuviéramos éxito. 

Además, le sumaba mucho que ya llevaba bastantes años dando clases, Y por tanto, tenía una metodología increíble. Se explicaba mejor que nadie y nos ayudaba con todo lo posible para sacar lo mejor de nosotros. Cada día nos mandaba como mínimo 4 ejercicios de lo que habíamos dado en clase y debíamos mandárselos antes de las 10:00 de la noche. Si no, “menos 5 en el ej”, es decir, te restaba nota. A principio de curso nos parecía algo divertido tener que mandarle foto para que él comprobara que todos habíamos hecho los ejercicios. Cuando el final se acercaba, el hecho de tener más fotos en su whatsapp, que con mis amigas no era tan gracioso… Sin embargo, hoy entiendo que ese “menos 5” y esa exigencia diaria no eran por autoritarismo, sino la mayor prueba de su compromiso.

Su implicación diría que es una de las características que mejor le definen, porque él sí que se miraba las fotos de cada alumno y al día siguiente en clase, recordaba errores comunes para que no los volviéramos a cometer. Él no solo nos enseñó las integrales y las derivadas, sino que también nos estaba enseñando constancia, responsabilidad y la seguridad de que alguien en la otra punta del colegio se preocupaba realmente por nuestro progreso.

Hablando más de mí, me transmitió muchísima confianza y seguridad en todo momento. Nunca me sentí juzgada al preguntar cualquier tontería, ni al hacer mal un ejercicio muy fácil. En matemáticas, pocas veces le tuve miedo al fracaso, porque sabía que él estaba ahí para levantarme una vez más. Además, yo siempre he sido muy trabajadora, y eso, él lo valoraba muchísimo y por tanto, como recompensa, se implicaba más en mí. 


Este me parece que es el claro ejemplo de qué es ser un verdadero profesor. Como he dicho antes, él creyó en mí hasta cuando ni yo misma lo hacía. Por eso y mucho más, es el profe que dejó huella en mí y a quien aspiro a ser en un futuro. 

De él y de mi carrera, aprendo que la autoridad se gana con respeto y no con imposiciones ni miedo; que la sonrisa es el mejor recurso que un profesor puede llevar a clase y que la verdadera labor docente, es estar presente para el alumno y que él mismo te sienta cerca.

Termino esta última entrada del blog con mi mochila llena de sueños y propuestas a lograr.

Gracias a todos por haber haberme acompañado en estas reflexiones. 

¡Os deseo mucha suerte! ¡Todo va a ir bien!



Comentarios

  1. Toda la razón y muy buen ejemplo. Esos profesores que "dejan huella", como tu bien mencionas, son los mejores que un alumno puede encontrarse durante su formación. He tenido la suerte de conocer al profesor mencionado y no puedo estar más de acuerdo con lo que cuentas en el artículo.

    ResponderEliminar
  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Tuve la suerte de compartir contigo ese año tan complicado y hay que reconocer que aunque al principio cansara tener que hacer mates todos los días gracias a él hemos aprendido a ser constantes y responsables. Don pedro es un profesor ejemplar ya que nunca ha dudado de nosotras. El confiaba en nosotras más que nosotras mismas y siempre estaba ahí para darte un mensaje de ánimo. Lo has explicado genial Aitana y estoy segura que tú serás de esas profes que dejan huella como el.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

¡Conóceme!

Como primer paso: el corazón